Lanzamiento de la Red Informativa de Genocidio y Derechos Humanos

La Fundación Luisa Hairabedian presenta la Red Informativa de Genocidio y Derechos Humanos que tiene como objetivo informar sobre congresos, actualidad, seminarios, publicaciones, conferencias, bibliografía y postgrados relacionados a Ciencias Sociales, Estudios sobre Genocidio, Diáspora Armenia y temáticas afines

jueves, 12 de noviembre de 2015

Uruguay será distinguido por su reconocimiento al Genocidio Armenio.


El presidente Tabaré Vázquez recibirá en nombre del pueblo uruguayo, una medalla por haber sido en 1965 el primer país en el mundo en reconocer por ley el Genocidio Armenio. Además, la Unión Internacional de Telecomunicaciones de la ONU destacó el Plan Ceibal y el acceso a la fibra óptica.

Una medalla en reconocimiento al respaldo del pueblo y del Gobierno de Uruguay será entregada a Vázquez por parte de la comisión que organiza la conmemoración de los Cien Años del Genocidio del Pueblo Armenio, informó Presidencia.

Con este acto se destacará también la labor de Washington Beltrán Mullin (1914-2003), presidente del Consejo Nacional de Gobierno en 1965, cuando se promulga la Ley sobre el Día de Conmemoración de las Víctimas del Genocidio Armenio.


En otro orden, el presidente recibió una misiva del secretario general del organismo especializado de la ONU para las tecnologías de la información, la Unión Internacional de Telecomunicaciones, Houlin Zhao, quien destacó los alcances y logros del Plan Ceibal y los programas de Gobierno Abierto, implementados desde su primer mandato.

Además de recordar la entrega a Uruguay del Premio a las tecnologías para la información y las comunicaciones (TIC) para el Desarrollo Sostenible, el organismo rescata la fuerte presencia de Internet en las escuelas y la implantación de la banda ancha para acceder a esa red digital.

“Su país ha hecho del desarrollo de las TIC una prioridad y es reconocido en el mundo como líder del sector”, se señala en la carta.

Foto: Monte Carlo



Fuente: http://www.radiomontecarlo.com.uy/2015/11/11/nacionales/gobierno/uruguay-sera-distinguido-por-su-reconocimiento-al-genocidio-armenio/


lunes, 9 de noviembre de 2015

El Arte No Calla en el Parque de la Memoria.


A 100 AÑOS DEL GENOCIDIO ARMENIO
El arte que no calla



El Parque de la Memoria presenta “El arte que no calla”, una propuesta de la Unión General Armenia de Beneficencia y la Subsecretaría de Derechos Humanos de la Ciudad en homenaje a las Víctimas del Genocidio Armenio en su 100º aniversario.
Con más de 47 pinturas, esculturas y vídeos de 30 artistas de origen armenio, la exposición busca seguir la huella de la memoria que desde texturas, materiales, formas y colores permite mantener el hilo conductor de la esencia armenia.

Inauguración: jueves 26 de noviembre, 19 hs.
Hasta el 8 de diciembre de 2015
Sala PAyS - LUN-VIE de 10 a 17 hs. SAB-DOM-FERIADOS de 12 a 18 hs.

Fuente: http://parquedelamemoria.org.ar/portfolios/el-arte-que-no-calla/


viernes, 6 de noviembre de 2015

La historia del #Nieto118


Por testimonios de sobrevivientes del Pozo de Banfield, se sabe que nació el 5 de diciembre de 1976 en ese centro clandestino. Sus papás eran Stella Maris Montesano, y Jorge Oscar Ogando, ambos militantes del PRT-ERP. Su hermana Virginia tenía tres años cuando los secuestraron y quedó al cuidado de su abuela Delia Giovanola. Se suicidó en 2011, sin llegar a conocer a su hermano, a quien buscó sin cansancio.


Martín Ogando Montesano, el nieto 118, nació hace 38 años en el Pozo de Banfield, un centro clandestino regenteado por el general Ramón Camps, cuyo juicio empezará en poco tiempo. Los sobrevivientes contaron cómo su madre lo dio a luz en esa brigada de la policía de Buenos Aires. En octubre de ese año, una patota de militares y policías entró a su casa y se llevó a Stella Maris Montesano, embarazada de ocho meses, y a Jorge Oscar Ogando, empleado bancario. Ambos militaban en el PRT-ERP. Virginia Ogando, la hija de tres años, fue rescatada por una vecina la noche del secuestro. Quedó al cuidado de la abuela paterna, Delia Giovanola de Califano, que la crio. Delia fue una de las primeras Madres en marchar en la plaza. Fue después una de las fundadoras de Abuelas. Después del parto Stella Maris fue trasladada al Pozo de Quilmes. Los dos siguen desaparecidos.

Delia y el resto de la familia se enteró por un sobreviviente que había compartido el cautiverio con Stella, que ella les enviaba el mensaje de que se encontraba a punto de dar a luz y que si su hijo era varón lo llamaría Martín. Según el testimonio de Alicia Carminati, una sobrevivienrte, se supo que Stella estuvo detenida junto a su esposo Jorge en el Pozo de Banfield. Estuvieron en un pasillo de ese centro clandestino hasta que Stella fue trasladada a la celda donde estaba Alicia. Fue el 5 de diciembre de 1976, tres semanas después del traslado a esa celda, cuando Stella comenzó con el trabajo de parto. Después de que sus compañeros pidieron asistencia, fue trasladada a otro lugar del centro clandestino, no saben cuál, junto con la estudiante de Medicina Graciela Gladys Pujol, que también estaba detenida ilegalmente en Banfield.


El 15 de diciembre, Stella volvió a la celda que compartía con Alicia. Le describió el lugar precario donde había nacido Martín: apenas contaba con una cama y un colchón. No recordaba que hubiera habido médicos, pero sí que la había asistido su compañera de cautiverio, Graciela Pujol. Stella dio a luz a su hijo con los ojos vendados. Un militar lo arrancó inmediatamente de sus brazos para siempre. La madre de Martín conservó el cordón umbilical de su bebé, que sirvió como un recuerdo que pudo compartir con Jorge: se lo hizo llegar de mano en mano como prueba de su nacimiento.

Ahora, además de empezar a recorrer el largo camino para procesar su historia, Martín deberá enfrentar otra verdad pesada: en agosto de 2011, después de buscarlo sin respiro durante toda su vida, su hermana Virginia se suicidó en la ciudad de Mar del Plata. Tenía 38 años, la edad que ahora tiene su hermano. En la carta de despedida que dejó dijo que esperaba reunirse con sus padres.

"Ni el afecto de su abuela y demás familiares, compañeros y amigos, ni la asistencia psicológica, pudieron en su caso contra las huellas imborrables de aquel descenso a los infiernos del terrorismo de Estado", lamentaron durante esos días de tristeza desde la Secretaría de Derechos Humanos: “Su muerte es también un crimen imputable a los genocidas”. Virginia dejó dos hijos.


Vicky —como la llamaban todos—, se había unido a la búsqueda institucional de Abuelas desde los primeros años. Había militado en HIJOS y en Abuelas, y su abuela Delia fue durante largos años una de las referencias indispensables de Abuelas en La Plata. Regularmente, Vicky llegaba a la filial platense de la institución, en un sexto piso, para preguntar por las novedades o contar las pistas que llegaban hasta ella y luego se esfumaban sobre el destino de Martín. Se desvivía por encontrarlo: en sus últimos años, organizó una campaña de difusión en el Banco de la Provincia de Buenos Aires, donde había trabajado su viejo. Logró que los salones frescos del edificio central, en pleno centro de la capital de la provincia, estuvieran sus fotos y la vida mutilada de sus padres; la búsqueda, o las búsquedas: la de Abuelas —que siempre acompañó— y la suya propia, asfixiante, incondicional, que trascendió a la otra. Hizo un blog y un perfil de Facebook para potenciar la búsqueda.

"Mi hermano fue una persona concebida con amor, querida por la familia, y que la realidad le hizo vivir otra historia. La consecuencia de la dictadura hizo que Martín no tuviera una crianza como la mía, y poder compartirla”, dijo ante las cámaras, al borde del llanto.


Fuente: http://infojusnoticias.gov.ar/nacionales/la-historia-de-martin-ogando-montesano-el-nieto-numero-118-10435.html



jueves, 5 de noviembre de 2015

El nombre del crimen innombrable.

Genocidio es una palabra de la que se abusa a diario. No siempre a una matanza política le cuadra el término acuñado por el jurista Raphaël Lemkin. Un libro reúne sus escritos.

Crimen de guerra, crimen contra la humanidad y genocidio son tres figuras jurídicas que usamos indistintamente para calificar grandes crímenes, por ejemplo Auschwitz, pero que no son intercambiables. El Tribunal de Núremberg condenó a los dirigentes nazis por crímenes de guerra, pero no por perpetrar un genocidio.

A los jueces les desconcertaba este neologismo, genocidio, que acababa de entrar en escena de la mano de un jurista lituano, el judío Raphaël Lemkin, que venía huyendo de la persecución nazi. Había visto con sus propios ojos que el proyecto nazi de destrucción de los judíos europeos era algo distinto al crimen de guerra porque iba contra no beligerantes y tenía el claro propósito de destrucción de todo un pueblo. Se parecía al asesinato en masa de los armenios en Turquía, y él no quería que el crimen nazi corriera la misma suerte que el turco porque, como decía Hitler, “¿quién habla hoy del exterminio armenio?”. Todo estaba olvidado.



Lo que Lemkin pretendía con ese término era crear un ilícito internacional de crímenes como el de los alemanes y turcos, perseguible en cualquier parte e imprescriptible mientras no fuera reparado. Estos crímenes venían de la noche de los tiempos, pero Auschwitz hacía tan visibles sus rasgos que ya no podían ser invisibilizados. Eran crímenes dirigidos “contra poblaciones enteras, grupos nacionales, raciales y religiosos”, con la particularidad de que había en ello “un proyecto de destrucción” y, por tanto, un plan preparatorio, tan criminal como su ejecución, que debería ser perseguido desde un principio.


La familiaridad del término no puede ocultar su complejidad, de ahí el peligro del abuso. Se echaba de menos un libro como éste, que recogiera el itinerario intelectual de Raphaël Lemkin y explicara el contexto vital del autor, los avatares ideológicos de sus ideas y el destino que han tenido en el derecho internacional. De lo primero se encarga el editor, Antonio Elorza, con una substanciosa presentación, y de lo segundo, Araceli Manjón-Cabeza. El libro concluye con un epílogo de Elorza en el que hace ver lo complicado que resulta aplicar la tesis del genocidio a grandes matanzas históricas como las de Stalin en la URSS, la de Japón en China o la del franquismo en España. Lo que sí es cierto es que con este libro en la mano, Saramago nunca hubiera podido decir que “Jenin es el gueto de Varsovia”.

No lo tuvo fácil Lemkin. Le tomaban por un iluminado, torpe de presencia, desaliñado y pobre, pero con una bomba de relojería en la mano. El Tribunal de Núremberg, que estaba al tanto de sus investigaciones, fundamenta la acusación en el crimen de agresión y no en el genocidio. Es verdad que el fiscal lo tiene en cuenta y que el juez Jackson habla del genocidio como de un crimen contra la humanidad, siempre, eso sí, en el contexto de un crimen de guerra. Pero en la sentencia no aparece. No se fiaban y, sin embargo, ese tribunal debe a Lemkin el razonamiento más sólido a su punto más flaco. Del Tribunal de Núremberg se critica, en efecto, que no respetara el principio nullum crimen sine lege, es decir, que se aplicara un derecho surgido después de la comisión de delitos. Lemkin siempre tuvo claro, como Primo Levi o Adorno, que Ausch­witz obligaba a pensar de nuevo, a releer de otra manera lo ya escrito, a repensar los fundamentos de la política, de la ética y también del derecho.

La barbarie experimentada no podía contenerse en los moldes conocidos. Había que partir de la experiencia vivida del mal radical, aunque hubiera sido impensable por las ciencias conocidas. El recurso al término genocidio era una forma de expresar la catástrofe vivida como el punto de partida, como lo que da que pensar. Este convencimiento lo expresaba cada uno a su manera: Adorno, como nuevo imperativo categórico; Levi, como deber de memoria, y Lemkin, como vigencia de principios de justicia preexistentes a todo derecho. No se trataba de dar “una respuesta moral a un problema jurídico”, sino de repensar el derecho pos-Auschwitz.


Genocidio. Escritos. Raphaël Lemkin. Edición y estudio preliminar de Antonio Elorza. Centro de Estudios Políticos y Constitucionales. Madrid, 2015. 316 páginas. 24,04 euros



Fuente: http://cultura.elpais.com/cultura/2015/10/29/babelia/1446119926_328439.html


Abadía de Westminster: El príncipe Carlos honró las víctimas del Genocidio Armenio.


Seis meses después de asistir a la ceremonia en Turquía, con la que el gobierno de Aliev pretendió desviar la atención internacional del Centenario del Genocidio Armenio recordando la Batalla de Galípoli, el príncipe Carlos de Inglaterra rindió homenaje a las víctimas armenias en un oficio religioso especial que tuvo lugar en la Abadía de Westminster el miércoles 28 de octubre.


El servicio ecuménico fue encabezado por el obispo de Londres Richard Charters y el Catolicós de Todos los Armenios Karekín II. El príncipe Charles asistió junto al presidente armenio Serge Sarkissian.


“Esta noche traemos a nuestra mente la masacre de armenios inocentes ocurrida hace cien años”, expresó en la solemne ceremonia el reverendo anglicano John Hall, que agregó: “Recordamos con tristeza tanta sangre derramada. Con la Acción de Gracias recordamos los Santos Mártires y pedimos en oración por ellos”. La Santa Misa contó también con un coro armenio que acompañó la liturgia.

La misa ecuménica fue parte de los eventos mundiales de la conmemoración del 100° aniversario del genocidio que diera comienzo el 24 de Abril de 1915, donde fueron masacrados más de millón y medio de armenios.

Los acontecimientos más importantes de este Centenario en Armenia y fuera de ella tuvieron lugar el pasado 24 de Abril. El gobierno turco, inmerso en su política de negación, intentó distraer la atención del mundo mediante una celebración a la que le modificó la fecha. La conmemoración anual del triunfo en la Batalla de Galípoli sobre las fuerzas británicas y francesas que habitualmente se desarrollaba en otro momento del año, fue trasladada “casualmente” al 24 de abril. El gobierno armenio reclamó oportunamente, pero sus demandas no tuvieron éxito.

Sin embargo, la decisión turca no tuvo demasiado eco en la dirigencia mundial. El príncipe Charles fue uno de los pocos líderes extranjeros que asistió por invitación del presidente Recep Tayyip Erdogan. Pero su participación molestó a muchos tanto en Armenia como en el resto del mundo.

Ahora, una de las posibles razones por las que el heredero de la reina Isabel haya tomado parte del servicio en la Abadía de Westminster, es tal vez su estrecha relación con el embajador de Armenia Armén Sarkissian, que vive en el Reino Unido desde principios de de 1990. El diplomático fue quien instrumentó la visita del príncipe Charles a Armenia en 2013.

Ninguno de los dos servicios de prensa dio a conocer el listado de los funcionarios británicos presentes. Su aparente ausencia refleja la negativa del gobierno actual que al igual que los anteriores rechaza el reconocimiento del crimen de lesa humanidad sufrido por el pueblo armenio.

“Reconocer el genocidio no proporcionaría ningún beneficio práctico para el Reino Unido”, influyó en 1999 el Ministerio de Relaciones Exteriores, información que fue divulgada por el diario “The Guardian” una década más tarde. El documento citaba “la importancia de nuestras relaciones con Turquía”.

En 2004, el entonces embajador británico en Armenia, Thorda Abbott-Watt, declaraba públicamente que no había suficiente evidencia para calificar a las masacres de armenios como genocidio. Las palabras del diplomático provocaron una tormenta de protestas en Armenia y la Diáspora. Armenia oficializó entonces su enojo mediante una nota oficial enviada a Londres.

Luego, en 2010 el Ministerio de Asuntos Exteriores del Reino Unido adoptó una postura más neutral sobre el delicado tema. Sin dejar de oponerse al reconocimiento británico del genocidio, el organismo dijo entonces que los funcionarios británicos deben dejar de negarlo abiertamente.

Irónicamente, muchos documentos británicos oficiales que datan de la Primera Guerra Mundial han sido una importante fuente de referencia para la tarea de reconocimiento del Genocidio Armenio.

En el Museo del Genocidio Armenio en Ereván hay una placa de reconocimiento especialmente dedicada a Lord James Bryce, autor del célebre Libro Azul, mediante el cual en 1916 el gobierno británico detallaba los asesinatos y deportaciones en masa.



Fuente: http://www.diarioarmenia.org.ar/abadia-de-westminster-el-principe-carlos-honro-las-victimas-del-genocidio-armenio/



miércoles, 4 de noviembre de 2015

"Un mismo árbol verde" en el CCK.

Sábado 14 de noviembre, en La Cúpula, a las 20:00 hs.



La obra de teatro "Un Mismo Árbol Verde" de Claudia Piñeiro, fue realizada con el aporte de la Fundación Luisa Hairabedian (FLH). Basada en hechos reales, la obra constituye una nueva y necesaria aproximación al primer genocidio del siglo XX cometido por el estado turco, y muestra su paralelismo con el horror vivido por los argentinos bajo la dictadura militar de 1976.

La autora enlaza una y otra masacre a partir del relato de su amiga Luisa, quien inició en nuestro país en el año 2001 un Juicio por la Verdad del Genocidio Armenio, que obtuvo recientemente un histórico fallo favorable en el año 2011.

Una obra sobre la búsqueda de la verdad… y el derecho a la verdad.
Una obra sobre la desesperada búsqueda de una hija por el amor de su madre.




Ficha artística


Autora: Claudia Piñeiro
Elenco: Marta Bianchi (Dora), Silvia Kalfaian (Silvia)
Escenografía y vestuario: Alberto Bellati

Diseño de iluminación: Roberto Traferri
Música: Saro Danelian y Melodías Populares Armenias
Coreografía: Teresita Sargsian
Asistencia de dirección 1: Marina Fredes
Producción general: Área Cultural Fundación Luisa Hairabedian
Dirección: Manuel Iedvabni

Duración: 1 hora, 10 minutos.



Auspiciada por la Fundación Luisa Hairabedian


Fuente:
http://www.culturalkirchner.gob.ar/agenda/articulo/879/teatro-adulto-un-mismo-arbol-verde.html


martes, 3 de noviembre de 2015

Diario El Popular. Un mismo árbol verde en San Luis.


Escrita por Claudia Piñeiro y protagonizada por Graciela Martinez y María Fernanda Schwindt, esta nueva pieza teatral nace de la fusión de los grupos Gente de Teatro y Teatro Universitario, a la que decidieron llamar Teatro Concertado, y del inmenso aporte de la Fundación Luisa Hairabedian, una organización sin fines de lucro que promueve el ejercicio efectivo de los Derechos Humanos, la lucha contra la impunidad y la prevención de genocidios y crímenes de lesa humanidad a través de acciones judiciales, programas educativos, culturales y académicos.




Viernes 30 de octubre a las 22:00 . 
Auditorio Mauricio López.
Fotos: Hugo Rocabado







Fuente: http://seuunsl.com.ar/index.php?noticia=2737
https://www.facebook.com/d.elpopularsanluis/